“La gente letrada fue beneficiaria de quedarse con mano de obra gratis”

De la mano del historiador Mariano Nagy, viajamos a fines del siglo XIX para entender un momento clave de la historia de la conquista de los territorios indígenas en la Argentina. La Zanja de Alsina, el rol de la Isla Martín García y la historia oculta detrás del característico empedrado porteño. “La gran diferencia con el Terrorismo de Estado del Siglo XX es que es fue proceso público, no un secuestro clandestino”, describe el integrante de la Red de Investigadores sobre Genocidio y Política Indígena. Una entrevista que además sirve para comprender porqué se instaló la idea de que no hay indígenas en la provincia de Buenos Aires.

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Imagen: Película Auka Liwen

La Zanja de Alsina (1876-1877) fue el punto de quiebre para los pueblos indígenas que habitaban en una de las pocas zonas que se mantenían fuera de la jurisdicción del Estado Argentino. Hasta ese momento, la “frontera con el indio” se encontraba a muy pocos cientos de kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires.

Lejos de una estrategia defensiva, la Zanja cavada por el ministro de Guerra Alsina, explicó Mariano Nagy que “para las comunidades significó la pérdida de zonas muy importantes, sobre todo lagunas, los mejores pastos, y además (representó) la imposibilidad de poder interactuar con el interior bonaerense. Lo único que tiene de defensivo es que es un poco menos ofensivo que la estrategia de Roca posterior, pero no nos olvidemos que durante la época de Alsina se sometieron caciques, incluso a parcialidades que se consideraban amigas, como el caso de los indígenas de Catriel, a la gente de Manuel Grande. Es decir, las comunidades de lo que es hoy Buenos Aires no viven de ninguna manera como una estrategia defensiva el avance de la Zanja y las líneas telegráficas y los fortines cada una legua, lo viven de manera bien ofensiva y para ellos significó el abandono de lugares donde en algunos casos estaban hace más de dos, tres, cuatro o cinco décadas”.

En este contexto, hay que destacar que existían varios tratados de paz entre caciques originarios y el Estado argentino, que fueron violados por las autoridades “blancas”. Uno de los tratados fue firmado por el mismísimo Pincén, quien “era reacio, era uno de los caciques señalados como cacique de máxima alteridad, es decir que no se sometía a esto”. Nagy contó: “El primer (tratado) que firma va a ser en 1873, debido a que en un avance de las tropas apresan a una de sus hijas, a familiares y capitanejos, entonces él se ve obligado a firmar. Obviamente después (el tratado) es violado por el propio Gobierno, porque dice no atacarlo más y por supuesto esto no se cumple”.

“Después en otros casos tenemos acuerdos que son casi incumplibles para las comunidades. Yo recién mencionaba a Catriel: en 1875 el jefe de la Frontera Sur, (Nicolás) Levalle, lo convoca y le dice que el acuerdo era que se fueran de sus tierras, que tenían que funcionar como una tribu militarizada de las guardias nacionales. El propio (Alfred) Ebelot [Agrimensor, estaba según él mensurando tierras para Catriel y fue protagonista directo en la zanja de Alsina], reconoce que (este tratado) les impedía ver a sus propias familias, alejarse a 30 leguas en una zona que estaban instalados casi ininterrumpidamente hace dos décadas”.

“Lo que llega como momento bisagra es en 1877, cuando Alsina, observando que el Estado argentino podía romper la correlación de fuerzas, pone fin a todos los tratados, pero hasta el momento se venían celebrando y son muchos, se pueden describir casi decenas de tratados, en muchos casos se cumplían y en otros no”.

La resistencia indígena estaba dada por distintas estrategias, incluyendo, por supuesto, la diplomacia. “El relato hegemónico lo que intenta hacer es marcar un esquema binario donde estaban los salvajes por un lado y los civilizados por el otro. Lo que esto trata de hacer es negar la diplomacia, la política indígena, que incluía los tratados, los pactos, las raciones, el malón como política y práctica económica. Es decir, la frontera era un espacio, no era un límite, y en ese espacio se jugaban muchas cosas y se tenían distintos tipos de relaciones sociales, familiares, comerciales. Por supuesto si vos querés ‘construir’ a alguien para eliminarlo, todo esto no te sirve, porque está sabiendo gente que practica la agricultura, que negocia, que incorpora distintas pautas culturales de lo que podríamos llamar entre comillas ‘blancos’. Esto no es una buena propaganda si después vas a arrasar con ellos y los vas a eliminar y repartir las tierras en pocas manos”.

CONQUISTA, INCORPORACIÓN Y DISPERSIÓN

Nagy

La política genocida del Estado argentino no fue necesariamente la desaparición física de la totalidad de los originarios sino su incorporación. Mariano Nagy investigó sobre el devenir de las familias sobrevivientes a la Campaña del Desierto. Una de las características es la dispersión, la migración y la circulación en un contexto de autoinvisibilización, proletarización y en el mejor de los casos, la relocalización individual o familiar en zonas marginales de los nuevos núcleos urbanos.

Nos explicó Nagy: “Muchos de ellos fueron confinados en la Isla Martín García, o puede ser en Puán en la provincia de Buenos Aires, hay algunos casos más en la Patagonia. Para centrarnos en el caso de Martín García, muchas familias fueron repartidos desde ahí”.

En otros casos se disgregaron por distintos territorios. “Las familias generan un fenómeno de dispersión, circulación y migración, y se van incorporando, en muchos casos de manera individual o familiar, en las estancias, en los campos, como domadores de caballos. En algunos lugares que eran bien periféricos en esos pueblos (que recién nacen), se proletarizan y después, producto de esa proletización, van comprando algún lote en las zonas más marginales de esos poblados que en muchos casos devienen ciudad (como por ejemplo Trenque Lauquen), y hoy por hoy están en lo que serían las afueras del casco urbano”.

“En todo este proceso estos indígenas incluso recomiendan a sus hijos no señalarse como indígenas, o han trabajado la idea de “descendientes de” pero no como “indígenas”, es decir, se ve un proceso de autoborramiento en algunos casos y de invisibilización, que como resultado nos genera esta idea de que en Buenos Aires no hay indígenas cuando más bien hay y muchos”, planteó Nagy,

EL ROL DE LA ISLA MARTÍN GARCÍA

Sólo conocer la función de la Isla Martín García (en el Río de la Plata, cerca de Uruguay) y el sistema de distribución implementado por el Estado argentino para con las familias originarias, sirve para entender la disgregación comunitaria sufrida por los pueblos indígenas luego de la campaña del Desierto.

“Cuando uno visita la Isla Martín García los guías turísticos mencionan que estuvieron detenidos algunos presidentes como un dato pintoresco pero no refieren a otros procesos históricos, pese a que hay una escuelita que se llama Cacique Pincén que es porque por supuesto el Cacique Pincén estuvo detenido ahí”, relató Mariano.

“La Isla funcionó desde la era Colonial como un presidio. Más adelante, nosotros tenemos documentación que avala que en 1871 ya algunos contingentes derrotados y sometidos en la frontera empiezan a ser deportados a la Isla. A medida que se van sometiendo mayor cantidad de indígenas, el Estado se va organizando y organizando también a la Isla, por eso crea un lugar para el telégrafo, para el correo, una escuela”, agregó el especialista.

Y luego amplió: “Sobre todo cuando se intensifican las campañas militares en el segundo lustro de la década de 1870, la Isla deviene en un campo de concentración. Cabe aclarar, no es un campo de exterminio. Uno tiene la idea de los Nazis cuando ve las películas, donde había cámaras de gas, pero la Alemania Nazi ya desde la década del 30 crea campos de concentración y de disciplinamiento que se parecen más a esto de Martín García”.

MANO DE OBRA GRATIS

“La población sometida ahí es clasificada básicamente en dos categorías: ‘Indios presos’ para aquellos que estaban disponibles para cualquier actividad, y sino, los ‘Indios inútiles o débiles’ que se categorizaban como ‘Indios en depósito’, a estos que tenían alguna enfermedad o alguna afección, en principio no se lo repartía o no se los ponía en tareas muy arduas. Sin embargo, a los ‘Indios presos’ o se los repartía o se los incorporaba al Batallón de Artillería adentro de la Isla o a los trabajos de las canteras”, narró Nagy.

“Más adelante, la demanda que tenía la población civil, las clases altas en Buenos Aires o en el interior del país; o el Ejército o la Marina, va a hacer que haya básicamente tres destinos para estos indígenas. El Ejército o la Marina por un lado, el servicio doméstico para mujeres o niños, y las actividades productivas para los hombres que estaban en condición de poder trabajar duramente”, describió el historiador.

“La Isla funcionó como este campo de concentración que hizo trabajar ahí mismo, o fue punto intermedio donde después se repartieron. Hemos encontrado muchas cartas que así lo atestiguan u órdenes que hablan de ‘reparta, entregue 150 indios, 10 indios, 20 indios a tal lugar, al Ejército, a la Marina, entrégueselo a tal persona’, etcétera. Esto también tiene su correlato  en las narraciones orales de las propias familias y en los medios gráficos de la época, donde esto también está documentado”, puntualizó.

“Esto ya lo había investigado hace mucho tiempo Osvaldo Bayer, hace unos tantos años también Enrique Mases que habló y caratuló esto como “sistema de distribución”, que no es de tierras (que también se reparten en la Conquista del Desierto)”, aclaró el especialista,

“La gran diferencia con el Terrorismo de Estado del Siglo XX es que es un proceso público, no es un secuestro clandestino como funcionará después en la dictadura militar, por eso aparecen estos clasificados que uno cuando trabaja con alumnos les pregunta ¿por qué les parece a ustedes que en el diario aparece ‘avisan que mañana llega un contingente de indígenas’? Está funcionando a manera de avisos clasificados actuales, cuando están avisando a la gente letrada que se se puede acercar al puerto y va a ser beneficiario de quedarse con mano de obra gratis, que eran estos indígenas sometidos por el Estado”.

EL EMPEDRADO PORTEÑO

Muchas cosas que nos parecen típicas de las grandes ciudades, en realidad fueron construidas por mano de obra indígena,  desde tiempos de la Colonia en adelante. Así pasó con los primeros edificios públicos en Buenos Aires, e incluso con otros elementos propios del paisaje porteño. Siguiendo en esta línea, en la Isla Martín García, los originarios trabajaron en la cantera picando la piedra que luego iría a parar al empedrado de las calles de Buenos Aires.

Nagy al respecto explicó: “La documentación no aparece específicamente la tarea que hacen, pero cuando uno cruza esos documentos que son muchos, con la cantidad de piedra y de explotación de la canteras que incluso llevó al Gobierno argentino a hacer un informe para que no sacaran tantas piedras (estamos hablando de millones de toneladas por año), y ves que hay miles de indígenas que han pasado por la Isla Martín García, la ecuación es muy sencilla, ¿no?  Los trabajos en esa Isla definieron el empedrado de las calles de Buenos Aires”.


Agassaganup O Zobá (“La luna los hará arrepentir” en idioma querandí, una de las lenguas originarias del Río de la Plata)
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