“Para los dispersos migrantes forzosos no existe ningún presupuesto”

La falta de políticas públicas para los indígenas que viven lejos de sus territorios de origen, fue una de las definiciones centrales que nos dejó la entrevista con el cacique Gumersindo Segundo, de la comunidad avá guaraní Iwi Imemby, localizada en el Paraje El Peligro del Gran La Plata. “Nuestra historia yo creo que es similar a la mayoría de las comunidades originarias que se encuentran dispersas”, declaró en Agassagaup O Zobá.

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Helen Zout / ANDAR

Foto: Helen Zout / ANDAR

Las familias avá guaraní afincadas a 30 kilómetros de la capital bonaerense, migraron desde la provincia de Salta, más precisamente del departamento Orán, donde la poderosa Seaboard Corporation (dueña del Ingenio Tabacal) los desalojó hace una década de la comunidad de Río Blanco Banda Sur. En el paraje El Peligro, a 1700 kilómetros de la provincia norteña, alquilan unas pocas hectáreas donde trabajan la tierra. Lo que producen es su fuente de ingreso para vivir diariamente.

“Desde ya agradezco el espacio en su emisora y poder relatar el drama en la cual nosotros como pueblo preexistente, como descendientes de los pueblos originarios, seguimos viviendo”, comenzó Gumersindo Segundo, cacique de la comunidad. “Nuestra historia nunca se ha tenido en cuenta, siempre se ha ocultado nuestra verdadera realidad como pueblos y naciones originarias”, agregó el líder comunitario, quien se refirió a la conquista de América a partir de 1492 y a la segunda conquista por parte del Estado argentino desde 1800 en adelante. “La sociedad conoce a medias o no conoce nada, tenemos la responsabilidad los que estamos presentes de poder transmitirles nuestra historia para que conozcan nuestras futuras generaciones”.

Con respecto al emprendimiento que desarrollan en el paraje El Peligro, Gumersindo explicó: “Nosotros los pueblos ava guaraní, nuestra verdadera identidad es la agricultura, vivimos arraigados con la madre tierra, es nuestro destino por eso es nuestra identidad y también forma parte de nuestra cultura”.

Sobre cómo llegaron al Gran Buenos Aires, el cacique avá guaraní expresó: “Nuestra historia yo creo que es similar a la mayoría de las comunidades originarias que se encuentran dispersas, lejos de su tierra natal, en donde no por voluntad propia sino por una migración forzosa, involuntaria, nos encontramos residiendo en este lugar de La Plata. Lamentablemente  hemos iniciado un éxodo involuntario buscando poder seguir sobreviviendo como pueblo y tratar de seguir manteniendo nuestras raíces como pueblos prehispánicos”.

“Es triste, existe la Constitución Nacional artículo 75, el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, la Organización Interamericana de Derechos Humanos, que reconocen a los pueblos preexistentes y reconocen la entrega de tierras aptas y suficientes para el desarrollo humano. Esas leyes para nosotros hoy en día no son aplicables, esta es la razón por la cual iniciamos el éxodo forzoso a distintos puntos de nuestro país”.

SIN RECONOCIMIENTO EN BUENOS AIRES

La comunidad Iwi Imemby se organizó en el nuevo espacio hace muy pocos años. A pesar de haber cumplido con todos los pasos, el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas les niega el reconocimiento de su personería jurídica. Gumersindo advierte: “Quisiéramos que la respuesta del INAI no sea bajo presión, pero nos llevan a tomar decisiones que nosotros no queremos”. Y detalla: “Hace más de dos años que iniciamos el trámite de la personería jurídica donde se nos reconoce como pueblo preexistente, como comunidad, y hasta hoy muy pocas son las respuestas que nos han dado. Lamentablemente nos obligan a tratar de transgredir esas leyes que a nosotros deberían protegernos o debieran darnos seguridad como seres humanos, pero no es así, razón por la cual muchas veces salimos a marchar o a tomar tierras, o manifestarnos en la ruta. Para nosotros no es bueno pero no nos queda otra alternativa que tomar esa herramienta para hacernos escuchar y hacernos ver”.

Gumersindo relató en Agassaganup O Zobá las distintas instancias oficiales a los que han acudido, hasta ahora sin resultado: “Hemos hecho varios contactos, por ejemplo con la secretaria privada de gobierno, mandamos un petitorio a la presidenta,  organismos de derechos humanos, hemos contactado con la Municipalidad, no hay ninguna respuesta favorable, todos son compromisos. Lamentablemente a cada oficina que vamos siempre nos dan una respuesta de que dinero no tiene para solucionar los problemas para nosotros”.

“En el INAI y en todas las oficinas nos dicen de que el presupuesto que ellos manejan es solamente para relevamientos territoriales.  Para los dispersos que somos nosotros, migrantes forzosos, no existe ningún presupuesto, entonces es insolucionable nuestro problema”, expresó con lucidez este líder originario.

Las difíciles situaciones que les toca vivir a los indígenas en las inmediaciones de los grandes núcleos urbanos, parecen no estar contempladas por las autoridades. Gumersindo relató: “Nosotros hoy en día estamos alquilando tierras y lamentablemente hace 4 meses, el 2 de diciembre, sufrimos un desastre climático donde perdimos gran parte de los invernáculos, primero por el viento, luego vino dos semanas de lluvia donde se inundó todo nuestro campo,  por el corte de luz de dos semanas se secaron todas las plantas y hasta ahora no hay ni siquiera una emergencia declarada a nuestro favor”.

“A nosotros nos duele el alma y es una injusticia grande que seguimos sufriendo, creo que la esclavitud para nuestro pueblo aún no ha desaparecido, persiste bajo diferentes formas y lo vivimos en carne propia en nuestro mundo real en la cual vivimos, no se lo puede ocultar”, agregó el cacique de Iwi Imemby.

A pesar de muchas promesas, ninguna se ha cumplido y “hoy en día seguimos lo mismo o peor, porque algunos de nosotros ya hemos abandonado la finca porque ya no podemos sostener el alquiler, los insumos los pagamos en precio dólar, toda una situación económica adversa para nosotros, solamente somos víctimas del progreso”

“Hoy reclamamos de acuerdo a nuestro derecho constitucional la entrega de tierras aptas y suficientes para el desarrollo humano cosa, no hemos tenido ninguna clase de respuestas”, dice Gumersindo, y traza un panorama poco esperanzador para las futuras generaciones si el abandono estatal continúa: “Nuestras criaturas van a tener que seguir iniciando un éxodo para seguir existiendo y ahí enfrentar una nueva forma de vida como siempre lo hacemos”.


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“Años y décadas pasadas no contábamos con el apoyo de los gobiernos ni de la sociedad”

Domingo Catriel, miembro de la comunidad Cacique de Las Pampas Cipriano Catriel, de la ciudad de Azul, relató en Agassaganup O Zobá el reclamo que realiza junto a sus hermanos y hermanas por el reconocimiento de sus tierras ancestrales, usurpadas por Alcides Echagüe, implicado en la última dictadura militar. Desde hace casi una década, esperan por la entrega de la personería jurídica: “Recién hoy en día estamos contando con el apoyo del gobierno municipal y por sobre todo el gobierno provincial”. Hace algunas semanas, se reunieron en Azul con el vicegobernador bonaerense, Gabriel Mariotto, quien se comprometió a colaborar en la resolución del conflicto: “Le agradecemos su comprensión. Pedimos eso, la comprensión y el apoyo por parte de la sociedad”.

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Domingo manifestó al iniciar la charla: “Ante todo, en nombre de la comunidad pampa, la cual es presidida por mi mamá, Marta Catriel, agradecerles por este espacio que nos están brindando y darles a conocer a toda la sociedad, toda la población, que la comunidad pampa está presente y cuáles son los orígenes de estas tierras. Venimos trabajando con el solo fin de tener un reconocimiento cultural (por parte) de los diferentes entes políticos, comisiones y sociedades no gubernamentales, con el fin de ir progresando”.

Esta comunidad, de 1500 habitantes, realiza como tantas otras, un fuerte reclamo por su reconocimiento a través de la personería jurídica, solicitada hace casi una década y también piden la devolución de las tierras usurpadas: “Todo nace en manos de mi abuela ya fallecida, Matilda Catriel, a principios de 1980. Después del gobierno de facto, ella comenzó con una lucha ardua, prodigiosa y continua, y en el ‘90 se acopló mi madre Marta Catriel. Así continuaron en todo lo que es centro de la provincia, Azul, Las Flores, Tandil y otros partidos vecinos. Recién en el 2005 se inició la tramitación con el fin de obtener la personería jurídica y ya estamos casi a 10 años de haber iniciado la tramitación. Hoy en día no la tenemos”.

Sobre el motivo por el cual se da esta demora en la entrega de la personería, Domingo explicó: “Recién hoy en día estamos contando con el apoyo del gobierno municipal y por sobre todo el gobierno provincial, años pasados y décadas pasadas no contábamos con el apoyo de los gobiernos, de la sociedad. Yo recuerdo perfectamente, tengo 31 años, toda mi primaria y mi secundaria la realicé en Azul, la discriminación que había hacia los originarios y más a uno lo crucificaban cuando daba a conocer su apellido. Por el simple hecho de tener rasgos aborígenes, a uno se lo marcaba. Yo migré hace diez años a Buenos Aires, hay una ignorancia muy elevada dentro de la comunidad, pedimos que al reconocer como comunidad también nos brinde educación, fuente de trabajo”.

El tiempo de lucha continuó, y así lo explicaba Domingo Catriel: “Llegado el 2000, la sociedad fue tomando conciencia de la importancia que es la cultura pampa, la cultura del aborigen acá en la Argentina, porque no deja de ser una sociedad multicultural, no hay una cultura totalmente definida. Recién ahí comenzó a tomar protagonismo”

Luego agregó: “La realidad fundamental del porqué no obtuvimos todavía la personería, es porque en el año 2009 y 2010, cuando vino gente de Nación a auditar y a establecer una asamblea, hubo un entrecruce de palabras entre miembros de la comunidad, por la incertidumbre que les creaba en ese momento el gobierno que estaba en Azul. A raíz de ese conflicto interno, hasta tanto no subsanen la problemática interna, no les vamos a dar la personería (les dijeron). La verdad que hoy en día la comunidad está plenamente integrada, cada uno tiene sus diferentes roles. En nuestra comunidad se respeta muchísimo a los mayores y a aquellos que tienen más pureza en la sangre que uno, que es descendiente y mezcla con la sangre criolla”.

“Lo único que estamos haciendo es esperar, y le rogamos a ustedes y a la sociedad a que nos ayuden a que tomen cartas en el asunto, que el Instituto venga nuevamente a auditar, porque es lo unico que esta faltando y que nos den de una vez por todas la personería, que está tramitada”, pedía con énfasis este hermano mapuche, quien se ha puesto la lucha al hombro para lograr el reconocimiento que desde hace tanto tiempo ansían tener.

Más allá de esta herramienta legal para poder llevar a cabo otro tipo de reclamos y tener una mayor visibilidad en los diversos ámbitos, la comunidad Cacique Catriel de Azul busca trabajar para dar a conocer su ancestralidad: “Fundamentalmente, la difusión cultural, que la sociedad, los chicos, tomen conciencia de cuál era el origen de sus abuelos, de sus antepasados y poder establecer un espacio físico en común para la gente de la comunidad. Mi madre Marta Catriel en las escuelas de Azul concurre a los actos, va y da charla a los chicos que están cursando el nivel primario, el secundario”.

Todo esto permitiría que las y los estudiantes “no tengan una historia irreal, falsa, mentirosa, que refiere a que vinieron los colonizadores, que todo fue color de rosa, que los originarios eran los agresivos cuando la realidad de los hechos es otra, hubo una matanza un genocidio gigante, donde no es que murieron 300, 400, 500 personas, murieron más de 10 mil personas. Estamos hablando de una población que abarcaba desde lo que es el centro de la provincia hasta el sur, hasta la Patagonia. Esa era la dimensión territorial de la Dinastía Catriel, dentro había varios caciques y todo nace a raíz de Juan Catriel, que fue el cacique general y padre de Cipriano Catriel, abuelo nuestro”.

En la actualidad, la comunidad no tiene un punto de encuentro concreto: “Hoy en día nos juntamos en la casa de Marta o de otro integrante de la comunidad, no tenemos un espacio físico en común donde podamos hacer las asambleas, debatir, pelear por la reivindicación de las tierras. Somos testigos que las tierras de la Patagonia, del centro de la provincia, están pobladas por personas extranjeras que no tienen nada que ver con la cultura nuestra, y sin embargo son los grandes terratenientes que hacen y deshacen a su criterio”.

Actualmente, el territorio que pertenece a la comunidad de la cual Domingo forma parte, está en manos de Alcides Echagüe, un nefasto protagonista de la última dictadura militar, quien ha vendido a lo largo de los años, gran parte de las hectáreas: “Sabemos que la tierra es una explotación terrible, con ganadería, con agricultura, porque se comercializa, se la vende. El señor Echagüe fue denunciado por la comunidad, y a raíz de esto hay una causa penal y civil. Se apoderaba ilegítimamente de parcelas de tierra. No hablamos de 2 o 3 lotes, sino de 15, 20 o 30 manzanas. Se las vendía a particulares, a vecinos de Azul, por un costo muy bajo, en pesos argentinos”, manifestó con displicencia Catriel.

“Todo esto llegó a oídos de la comunidad. La gente fue y le dijo: en estas tierras no se edifica mas, no se comercializan, porque estas tierras no tienen escritura, estas tierras son nuestras. No venimos a sacártela, te venimos a decir que acá no tenés que hacer nada. Hubo una agresión por parte de ellos, se inició una causa penal y la justicia medianamente va avanzando con el proceso. Echagüe había conformado una asociación ilícita con la mujer, comercializaban estas tierras, tenían una inmobiliaria, un nexo directo con alguien del municipio que le daba a conocer las parcelas fiscales, sin ocupar, sin escritura”, explicó el hermano mapuche.

“La herramienta fundamental es la personería, estamos muy cerca de obtenerla, estuvimos con personas del estado y gubernamental, recibimos el apoyo de ellos. Una de las personas que tuvo la delicadeza de ir a Azul y estar en la casa de Marta, el vicegobernador Gabriel Mariotto, a quien le agradecemos su comprensión. Pedimos eso, la comprensión y el apoyo por parte de la sociedad”, concluía Domingo, con la esperanza encendida en la voz.


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“La falta de tierras hace que cambiemos la forma de vivir, pero no la forma de pensar”

Mario Valdez, presidente de la comunidad Tupí Guaraní de Glew “Cacique Hipólito Yumbay” repasó en Agassaganup las novedades del montaje de su radio, FM 89.9 y la necesidad de continuar reivindicando y protegiendo su cosmovisión: “La idea es tener asegurado a las familias de la comunidad, porque la torre está dentro de la tierra comunitaria, para resguardar la salud y llevar adelante una transmisión que salga con calidad. Definimos el trabajo sobre el tema de la comunicación y pueblos indígenas en la actualidad. Esta cuestión es muy importante transmitir la cultura y problemática de los pueblos, llevar adelante la información a la sociedad en general”.

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Marito explicaba la dificultad que han tenido para poder lanzar su medio de comunicación: “Estuvimos trabajando con el tema de la puesta de la FM 89.9, sabemos que es muy difícil llevar adelante el trabajo que ustedes hacen de comunicación. Pensábamos darle señal antes de fin de año, no pudo suceder. El 2 de diciembre hubo un temporal muy fuerte en la zona sur, a raíz de un tornado cayeron varias torres de otras radios, algunas se pudieron levantar, otras no. Nos dio a pensar nuevamente que teníamos que reforzar una torre, como para llevar adelante la FM. Replanteamos el presupuesto y volvimos a contratar a la empresa que nos pueda facilitar una reforzada y asegurada que resista un temporal”.

Luego, agregó: A principio de febrero estuvimos trabajando con el tema del montaje de la torre que son 42 metros de altura con anclaje reforzado. La idea es tener asegurado a las familias de la comunidad, porque la torre está dentro de la tierra comunitaria, para resguardar la salud y llevar adelante una transmisión que salga con calidad. Por eso nos está llevando un poquito mas de tiempo”.

Con respecto al encuentro que se realizó a mediados de diciembre de 2013 para las y los jóvenes de la comunidad, contó: “El 14 de diciembre se llevó adelante una charla debate con los chicos mas la presencia de otras organizaciones sociales y comunicadores que están trabajando en distintos territorios como comunicadores mapuches, de La Plata, de José C. Paz, que son guaraníes. Definimos el trabajo sobre el tema de la comunicación y pueblos indígenas en la actualidad. Esta cuestión es muy importante transmitir la cultura y problemática de los pueblos, llevar adelante la información a la sociedad en general”.

El día sábado 22 de febrero, se realizó en la ciudad de La Plata un encuentro de Derechos indígenas en la Comunidad indígena Ava Guaraní Yvy Imemby. El presidente de la comunidad cacique Hipólito Yumbay recordó de aquella jornada: “En la comunidad son guaraníes de la provincia de Salta. Fui invitado por la Comisión de la Memoria del área de Pueblos Originarios, hicieron un taller un taller. (Los hermanos) vinieron por mejores oportunidades. En el territorio la problemática social ha avanzado mucho, al mismo tiempo no cambia, siguen con esta cuestión de llevar adelante la identidad junto con el desarrollo. Están los obstáculos de la personería jurídica”.

“Son ochos familias entre grandes y chicos, 38 personas quiere trabajar el tema de la tierra. Alquilan un inmueble para llevara delante el alimento de los chicos y el excedente comercializarlo. Tienen la gestión en trámite en el INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígena). Quieren seguir trabajando con la tierra, expropiar unas tierras que los dueños quieren vender. Hasta que no haya convenio con el organismo de la provincia de Buenos Aires, con la Nación y el INAI, no hay desarrollo para las comunidades”, manifestó Mario.

Luego Valdez habló de su experiencia personal, junto con sus hermanas y hermanos, al llegar a la provincia de Buenos Aires: “En nuestro caso fue así, cuando llegamos también empezamos a trabajar la tierra, después se fue tornando la urbanidad y nosotros vivimos ahora en la urbanidad. Muchas veces los miembros de la comunidad empiezan a hacer changas o al mismo tiempo llevan adelante un desarrollo y estudian. En la ciudad se vive de esa forma y va cambiando el tema del trabajo, la falta de tierras hace de que cambiemos la forma de vivir, pero no la forma de pensar. La idea es seguir adelante con la preservación cultural del pueblo guaraní”, concluía Mario Valdez.


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“Hay un protagonismo indígena fuera de las comunidades y eso es una novedad importante a tener en cuenta”

Con la excusa de hablar sobre la Especialización en Estudios Indoamericanos de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, en Agassaganup O Zobá tuvimos una extensa charla con Carlos Martínez Sarasola. El antropólogo e investigador argentino destacó el protagonismo indígena en las grandes urbes y remarcó como ejemplo “todo el ceremonial que ha bajado a las ciudades, que antes no existía”. Así mismo, exhortó al Estado a resolver “en el próximo decenio” lo que definió como la principal deuda con los pueblos originarios: el reconocimiento de sus territorios, “por lo menos, de los que ellos ocupan actualmente”. Además, hablamos con él sobre su último libro: “La Argentina de los Caciques o el país que no fue”, donde asegura que los grandes dirigentes indígenas del siglo XIX “buscaban coexistir con la nueva sociedad en la medida que se respetaran sus derechos como pueblos originarios”.

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Comenzamos la entrevista hablando sobre la nueva carrera de posgrado del cual Sarasola es coordinador. “Forma parte de la Maestría e Instituto en Diversidad Cultural de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, que tenía una serie de especializaciones, pero faltaba incorporar Estudios Indoamericanos, era una aspiración largamente anhelada. Este año pudimos ir armándola un poquito, calculamos que el año que viene va a estar lanzada en su plenitud. Creemos que efectivamente es una innovación en los posgrados académicos por lo menos en la Argentina, porque estas especializaciones no son muy comunes, y además una innovación porque tratan algunas temáticas que por lo general en el área académica son poco vistas”, dijo a modo de introducción.

En este sentido, Sarasola señaló: “Tratamos de enfatizar en los valores de los pueblos indígenas, que es una temática poco trabajada. Generalmente lo que se destaca de los pueblos indígenas son los temas de marginalidad, de segregación, de discriminación, pero hay poco énfasis en el tema de los valores”, resaltó. Siguiendo esta dirección, la idea es destacar “todo lo que tienen para dar los pueblos indígenas, porque ya tienen un Corpus de conocimiento y sabiduría que no es solamente para ellos sino para todos los seres humanos. De ahí materias como cosmovisiones indígenas, mitología, pensamiento y literatura indígena, todo lo que tenga que ver con la simbología, el tema de las medicinas y por supuesto los idiomas, que tambien es algo muy importante. Las lenguas indígenas son algo poco difundido en el ámbito académico y en los últimos tiempos se está realzando mucho más”.

Más allá de los contenidos, la Especialización tiene una característica: “Me acompañan una cantidad de profesores, donde también destaco la participación de docentes indígenas. Lo que tratamos de hacer nosotros, humildemente, es plasmar en la práctica lo que muchas veces se plantea como anhelo de diversidad cultural, pero que muchas veces es difícil de concretar”.

“Yo básicamente estoy dando hace 4 años la materia ‘Introducción a los Estudios Indoamericanos’, junto a un destacado equipo de profesores invitados, y la adjunta Ana María Llamazares, y voy a estar dando también lo que se llama ‘Convergencias entre nuevos paradigmas científicos y las cosmovisiones originarias’”.

¿Cómo se llegó a concretar esta Especialización? Como de costumbre, es fruto de muchos años. “Yo forme parte del proyecto hace más de 10 años del equipo que armó un poco esta Especialización y la Maestría en general, pero nunca se llevó a cabo por distintos motivos. Si bien ayudé en aquel momento, por algún motivo personal tampoco permanecí. Ahora, el doctor Hamurabi Noufouri, uno de los directores de la Maestría y del Instituto, me convocó hace unos tres o cuatro años a volver a participar y así lo hice. Estaba en un momento que podía hacerlo yo también. Creo de todas maneras que esto se enmarca dentro de un proceso general no solamente en Argentina sino en América de revalorización obviamente de los pueblos originarios”.

“Yo trabajo hace muchos años en esta línea, trato de revalorizar siempre estos valores, lo que tienen los indígenas para transmitir como conocimiento. Esta ha sido una sabiduría muy negada históricamente. Hoy por suerte los tiempos han cambiado y se están abriendo nuevas posibilidades de espacios comunes, de compartir”.

“En este sentido, la Especialización de alguna manera es la posibilidad de un espacio de encuentro entre indígenas y no indígenas, entre académicos y especialistas de los pueblos originarios, incluso a nivel de los alumnos. Es decir, (queremos) que sea un espacio compartido, que podamos entrecruzar los conocimientos, las sabidurías y hagamos una nueva posibilidad de integración respetando las identidades de cada uno. No se trata de anular identidades sino por el contrario de realzarlas, pero en el marco de un espacio compartido, la posibilidad de trabajar juntos”, agregó.

EL PAÍS QUE NO FUE

En el 2012, Sarasola publicó ‘La Argentina de los Caciques o el país que no fue’. “A mi no me gusta hablar de la historia que podría haber sido posible, pero con este libro es innegable que rozo un poco esta cuestión. Sin imaginar lo que hubiera pasado,  porque yo creo que la historia sucedió, y lo que sucedió, sucedió, ya no se puede modificar”, aclaró el investigador.

Hecha esta disgreción, Sarasola planteó: “Creo que la posibilidad que existió en Argentina es que se podría haber convivido entre los pueblos indígenas y la nueva sociedad criolla en formación. Eso es lo que yo estoy convencido. De hecho, muchos patriotas desde finales del Virreynato hasta 1830-1840, pensaron un país con los pueblos indígenas. Lo que pasa es que luego vinieron otros proyectos ideológicos, económicos y políticos, que no tuvieron en cuenta esta posibilidad y que hicieron imposible esa coexistencia”.

“Lo que yo humildemente trato de demostrar en el libro (y creo que los documentos son contundentes, porque no es mi palabra, es la palabra de los propios caciques), es que ellos buscaban coexistir con la nueva sociedad en formación. Son centenares de cartas que escribían a través de sus lenguaraces desde las tolderías. Habían incorporado la escritura como un recurso para dialogar con el blanco, siendo ellos un pueblo de tradición oral. Están las cartas, las entrevistas, los diálogos con las comitivas diplomáticas, con los viajeros, es decir, todo ese discurso de los grandes dirigentes indígenas que demuestra que ellos buscaban coexistir con la nueva sociedad en la medida que se respetaran sus derechos como pueblos originarios”.

“Lo que yo hice fue engarzar todos estas palabras de los Caciques -que para ellos la palabra era un Don- y demostrar que siempre hubo un intento por formar parte de esta sociedad. Más allá de la violencias de la época, porque esto no se puede negar: hubo enfrentamientos, peleas y violencias de ambos lados, pero la violencia indígena siempre fue una respuesta a la violencia que venía del otro lado. Creo que es contundente la base documental que yo trabajo y que insisto, no es mía, es de la propia palabra de los pueblos indígenas”, amplió.

A 20 AÑOS DE UN PUNTO DE INFLEXIÓN

Los 500 años de la invasión y conquista europea en continente americano, fueron un verdadero punto de inflexión. Ese mismo 1992, Sarasola publicó “Nuestros Paisanos los Indios”, que desde momento se convirtió en unos de los libros fundamentales para entender el proceso histórico de los pueblos indígenas. “Tuvo un gran impacto ese año, todavía lo sigue teniendo, para mi es un gran honor que esto sueda, una gran alegría. Creo que el libro ha sido muy didáctico e interesa muchísimo en vastos sectores, especialmente los educativos, de formación”.

¿Qué avances han habido en estas dos décadas? Sarasola señaló: “Han cambiado muchas cosas desde ese momento. Por un lado, la toma de conciencia de vastos sectores de la sociedad argentina sobre la presencia de los pueblos indígenas, y la importancia de la historia de estos pueblos y su protagonismo en la historia argentina. Ciertas reformas que encaró el Estado Nacional durante estos últimos años, básicamente los años de Democracia. Y también la aparición de una legislación internacional que ha actuado como paraguas para los Estados nacionales, de modificación de Constituciones, implementación de leyes, que tienen que ver con un marco internacional de puesta en valor de los pueblos indígenas”.

Sin embargo, continúa al día de hoy el despojo de sus territorios. “Están pendiente algunos temas cruciales para los pueblos indígenas por ejemplo el tema de las tierras y de los territorios. Acá tenemos un problema que todavía no ha sido resuelto, creo que es una gran deuda de la sociedad argentina pero básicamente del Estado argentino. Es un problema generado por el Estado para los indígenas”.

Según el criterio del investigador, el Estado debería “por lo menos reconocer las tierras y territorios que ellos ocupan actualmente. El trabajo es muy lento en este campo y tenemos que impulsar para que definitivamente esto sea una realidad. El próximo decenio esto tendría que estar resuelto. No podemos seguir esperando mucho mas, que ciertas comunidades siguan reclamando por sus tierras como hace 150 años me parece. Esta deuda histórica es la principal y la más importante”.

“La tierra para el paisano indigena no es un bien economico sino que es un piso existencial donde ellos desarrollan sus valores y su esencia como pueblos. La naturaleza, el cosmos, es una totalidad a la cual pertenecemos. El punto de partida es la ligazón con la tierra, si eso no lo tienen, o no están confiados de que esta ligazión va a continuar a través de las generaciones en el lugar donde ellos están, estamos en problema. Esto hay que atenderlo urgentemente por parte del Estado me parece”.

“Después hay temas como la biodiversidad, no menos importante por supuesto pero ya es una tarea de todos los argentinos, los problemas que tenemos de degradacion del medioambiente, los problemas de discriminacion que tienen los pueblos indigenas, que sigue existiendo la discriminación aunque parezca mentira”.

EL NUEVO PROTAGONISMO INDÍGENA EN LA CIUDAD

Además de los grandes reclamos de tierras en los territorios de origen, en Metrópolis como Buenos Aires hay integrantes de prácticamente todos los pueblos originarios, lo cual despierta nuevo tipo de demandas y rompe con ciertos esquemas.

Consultamos a Sarasola su opinión sobre estas realidades: “Este es un ‘problema’ que se traslada a las grandes cuidades. La presencia del indígena urbano es algo que en estos últimos años ha cobrado una importancia muy superlativa. Yo lo menciono desde aquel momento (1992) donde ya se empezaba a dar este fenómeno, pero hoy la mitad de la población indígena de América vive en los centros urbanos. Esto no sucede solamente en la Argentina sino en todo el continente. Es decir que el protagonismo de los indígenas en las grandes urbes es una realidad incontrastable. De hecho, los últimos censos no han medido del todo bien me parece este dato, hay mucha gente indígena que es de la ciudad que no ha sido correctamente censada. También muchos paisanos no asumen todavía correctamente su identidad, es un problema más complejo”.

“Ahora, la realidad del indígena urbano pasó de ser negativa a ser positiva. En los orígenes, la presencia en la ciudad se la vivía como un desgarro por parte del hermano indígena, la distancia de su comunidad, el desarraigo, la lucha contra la discriminación que sufría, etcétera. Hoy, el indígena en la ciudad empieza a tener un lugar, las organizaciones empiezan a tener mucha más visibilidad, hay barrios indigenas que están constituidos como tales, con sus caciques, con sus consejos de ancianos, y con todo un ceremonial de los pueblos originarios que ha bajado a las ciudades. Hoy hay todo un ceremonial que se hace en las ciudades que antes no existía”.

“También hay que decir que el indígena en la ciudad siempre está añorando esa ligazón con la tierra originaria, pero hay un protagonismo indígena fuera de las comunidades y me parece que ésta es la novedad también. Las comunidades sigue siendo como el corazón del mundo indígena, pero hay un protagonismo también fuera, en las ciudades, y eso me parece una novedad importante a tener en cuenta”.

Consultamos a Sarasola si las autoridades tendrían algún tipo de temor en reconocer la presencia indígena en la ciudad por los reclamos que podrían activarse.  “Puede ser, es muy interesante esa observación, probablemente sí, claro. Es muy posible que pase algo de eso”, respondió el investigador.

De todas maneras, Sarasola dijo con confianza: “Hace mucho tiempo que los hermanos indígenas plantean que, mas allá de los derechos el Estado tiene que cumplir, todo depende de ahora en más de ellos mismos. Esto lo marcó muy bien el ‘1992’, el punto de inflexión de los 500 años”.

“Por eso creo que los indígenas en la ciudad tienen un desafío. En la Argentina creo que desde la década del 70 ellos empezaron a tener visibilidad y hoy ya es incontrastable. Hay muchos pueblos indigenas que tienen mucha fuerza, mucha identidad, mucha historia pasada y presente, y está en sus manos llevar adelante esas reivindicaciones y esa lucha por los derechos”.

“Yo confío mucho en la tarea de los propios paisanos indígenas, más allá de lo que pueda hacer o no el Estado. Están saliendo también de esa gran enfermedad que fue el tema del paternalismo, que las líneas políticas siempre han implementado, y ha hecho tanto daño. Ellos están saliendo también de ese lugar y están reconociéndose a sí mismos como personas con mucho valor y con mucho para dar, no solamente a ellos sino a todos los demás”, concluyó Carlos Martínez Sarasola.


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“Es muy urgente poder ubicar a nuestros hermanos”

El dirigente qom Clemente López contó en Agassaganup O Zobá que se encuentra en gestación una organización provincial del pueblo toba con el fin de conseguir nuevos terrenos para las comunidades. “En una casa viven 5 o 6 familias”, describió sobre la emergencia habitacional aborigen. Por otro lado, destacó como muy positiva la Feria de los Pueblos Indígenas en Movimiento, realizada en mayo en Moreno, al señalar que una de las necesidades es tener dónde vender las artesanías.

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Foto del blog de la Biblioteca Qomllalaqpi

La comunidad qom de Derqui tiene tierras. El objetivo ahora es de todo un pueblo. (Foto: Blog de la Biblioteca Qomllalaqpi)

La demanda territorial atraviesa a los pueblos indígenas en los ámbitos rural y urbano, en parajes lejanos del interior pero también en municipios del primer cordón del Gran Buenos Aires. La comunidad qom Daviaxaiqui, de Presidente  Derqui, partido de Pilar, está establecida desde la década del ’90 en tierras que fueron donadas por la Iglesia Católica. Su cacique Clemente López, en enero, asumió un compromiso mayor: representar a todo el pueblo toba bonaerense en el Consejo Indígena (CIBA), tras ser elegido en una asamblea por delegados de las comunidades.

“Para mi esto es nuevo, estos 22 años como dirigente siempre trabajé para Daviaxaiqui y en el Chaco. Cuando me eligieron en enero, empecé a recorrer todas las comunidades. No sabía ni adónde empezar, hay mucho trabajo”, cuenta Clemente.

En su nuevo rol desde el CIBA, que funciona en articulación con el Consejo Provincial de Asuntos Indígenas de la Secretaría de Derechos Humanos bonaerense, ha estado focalizado en varios aspectos.

Hace muy poco, en una visita a la ciudad de La Plata, asesoró a 40 familias tobas de una comunidad a quienes querían cobrarles una enorme deuda de impuestos. “Les dimos una orientación, (explicamos) que para estar excento de impuestos tienen que formar una comunidad con estatuto y personería jurídica”.

Una de las necesidades de las comunidades es tener lugares donde vender los productos generados por sus artesanos.  Clemente remarca que “nuestro pueblo toba hace muchas artesanías” y pondera a la primera Feria Provincial de los Pueblos Indígenas, que tuvo lugar en el Municipio de Moreno, organizada en conjunto con el CIBA y el Consejo Provincial de Asuntos Indígenas.

“No podían creer mis hermanos la cantidad de gente que fueron, y aparte se abrieron muchas puertas, ustedes me hicieron una nota, en la semana me llamaron de muchas radios de la zona”, agregó. Además, fue una experiencia enriquecidora: “Yo pude sacar a algunos hermanos que siempre vivieron dentro de la comundidad en Derqui. Tuvieron un intercambio con otras familias, para ellos era la primera vez que se conocían y eso fue muy lindo”, se explaya el representante del pueblo qom.

Otro de los trabajos que se están llevando adelante desde el CIBA es un relevamiento de las comunidades para entregar becas de estudio. En estas visitas, surgen también otras demandas, principalmente, la necesidad de tierras. “A veces vas a a un asentamiento a trabajar en las becas y resulta que nuestros hermanos no tienen dónde vivir, por ahí te encontrás una casa donde viven 5 o 6 familias”.

Familias tobas afectadas por la inundación en La Plata.  (Foto: Infonews)

Familias tobas afectadas por la inundación en La Plata. (Foto: Infonews)

Esta problemática territorial que se manifestó clara y notoria, maduró la decisión de agruparse con el fin de buscar soluciones. “Somos 12 comunidades tobas y vamos a armar una organización especialmente para apuntar al tema tierra, porque hay muchas familias que hoy están viviendo mal. Nosotros por suerte en Derqui tenemos nuestras casitas, nuestro centro comunitario y un comedor, pero en otros lugares la verdad que es muy urgente encontrar un terreno para poder ubicar a nuestros hermanos”, anuncia en Agassaganup.

Esta organización, explica Clemente, sería autónoma del CIBA de manera similar a las ‘centrales’ indígenas que existen en muchas provincias del país. Además, estaría conformada por dos representantes de cada comunidad.

TRABAJAR SIN FRONTERAS

Mientras Clemente apuesta al trabajo en Buenos Aires, no desatiende distintas iniciativas solidarias que realiza en su Chaco natal, desde hace 12 años. “Yo siempre digo que hay que trabajar sin fronteras”, argumenta. Como en aquellos años cuando hubo muchos muertos por desnutrición y falta de agua, entre otros motivos, y él viajó al “corazón del Impenetrable” con 25 médicos que formaron un campamento sanitario.  Y agradece a “toda la gente amiga que tengo, que cuando les pido una ayuda siempre están dispuestos”, para emprender estas iniciativas.

Al mismo tiempo que el dirigente fue electo para el CIBA, su hija Sandra López resultó designada como representante en el Consejo de Participación Indígena (CPI), en el ámbito de Nación. Al ocupar estos dos espacios, se enteraron que “Chaco no tiene representantes en el CPI”. “El 19 de abril viajamos para informar a nuestros hermanos que ahí dos puestos que se pueden usar”. El resultado fue una “una asamblea muy grande donde participaron 35 comunidades del Impenetrable chaqueño”, y adelanta: “para el mes de agosto van a salir los representantes de la zona”.

LIBRO 100% ORIGINARIO

El dirigente surgido de la comunidad de Pilar, también habló muy contento de un libro que escribió con sus hijos Nahuel y Sandra, sobre la cultura de su pueblo. Se llama “Daviaxaiqui” y es de la Nahuatonaxanaxac Editorial. “Para mi es una alegría porque yo trabajé con mi familia, creo que es el primer libro que salió de la mano de los indígenas sin ningún intermediario. Sale muy crudo el material porque se respetó todo lo que es el tema de las leyendas, los cuentos, los remedios naturales, bien explicado”, describe. Para conseguirlo, hay que comunicarse a la casa de Clemente Lopez. Por ahora los ofrecen en las charlas que dan en colegios.


Agassaganup O Zobá (La luna los hará arrepentir)
Los lunes de 21 a 22 hs, por FM Fribuay 90.7 o en http://www.fmfribuay.org.ar
Programa de pueblos originarios, producido en el Partido de La Matanza, territorio ancestral del Cacique Querandí Telomián Condié.
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“La comunidad tiene que tener su lugar, queremos hacer viviendas y una escuelita”

El cacique Braulio Escobar Duarte contó que el deseo de su Comunidad Tupí Guaraní Cuarajhí Verá es obtener un territorio para vivir agrupados y no dispersos. Es uno de los reclamos que deberá atender el Consejo Municipal de Pueblos Originarios del partido de Moreno, el cual pronto estará en funcionamiento. En el distrito además hay kollas, tobas y mapuches, contó el dirigente aborigen.

Escuchar entrevista: MP3 at 3.8 MB

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Asentados en el partido desde 1978, actualmente son 36 familias las que integran la Comunidad Tupí Guaraní Carajhú Verá, quienes viven “todos dispersos, por acá, otro allá, otro allá, no tiene fundamento así”, contó Braulio al programa radial Agassaganup O Zobá (FM Fribuay).

“La comunidad tiene que tener su lugar, no vamos a pedir la tierra para vender ni para negociar, queremos hacer viviendas y si sobra algo una escuelita para la gente, una salita auxiliar médica. Entonces ya ahí, barrio de comunidad, acá viven los aborígenes”, argumentó el cacique.

Un ejemplo a seguir es la Comunidad Qom Daviaxaiqui del partido de Pilar: “Usted no lo va a creer, los hermanos tobas de Derqui tienen su comunidad, sus viviendas, su salón multiusos pero grande. Viven bien, entre ellos, toda hermandad hay. Si vamos a la comunidad de los tobas, es ahí, no hay otro. Nosotros somos dispersos y no tiene que ser, tenemos que estar en un solo asentamiento”.

El dirigente guaraní también planteó que en este barrio comunitario tiene que existir una escuela para los aborígenes. “Ahí ya vamos a tener una directora guaraní, una profesora guaraní, que tenga sueldo del Ministerio de Educación y Cultura”. En opinión de Escobar Duarte tanto el Ministerio Nacional como la Provincia tienen apertura para tratar estos temas. “Acá no hay vuelta que dar, hay que empezar a trabajar”.

Por lo pronto, Braulio también cuenta que el año pasado estuvo enseñando el idioma guaraní en un salón multiuso pero que en 2013 va a “caminar escuela por escuela”.

Los integrantes de esta comunidad llegaron al partido hace 35 años y comenzaron un largo  proceso de organización: “Se empezó a trabajar fuertemente desde el ’84. Yo tengo varios parientes, nos reunimos todos y armamos la comisión. Empezamos a solicitar la personería jurídica provincial, después la nacional. Nos costó un poco pero se logró”.

El cacique expresó que los vecinos de Moreno conocen la existencia de pueblos indígenas en este distrito: “¡Claro! ¿Qué le parece? Hace rato que nosotros empezamos a trabajar”. Dijo que la tupí guaraní es la única del partido que cuenta con personería jurídica reconocida por el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas pero “hay varias comunidades, están los tobas, los mocoví, los kollas, los mapuche”, en algunos casos con “personería jurídica sin fines de lucro”.

“Estamos luchando en nuestra zona, yo digo que soy hijo de Moreno”, expresó el dirigente comunitario, y fue elogioso con el intendente Mariano West porque “él nos dio el reconocimiento municipal”. Es por esto que Braulio confía que el Consejo Municipal de Pueblos Originarios se oficializará en los próximos meses.

“La puerta abierta, tienen voluntad. El tema del indígena no es fácil, es complicado entonces a veces se traba. Las altas autoridades tienen que conocer bien qué es lo que queremos y adónde vamos yendo”.


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